domingo, 18 de abril de 2010

Érase una vez...


Hola amiguitos granaderos, hoy estaba dudando sobre qué contaros y, dado que llevo un poco de tiempo sin publicar nada nuevo, os sorprenderá que al final me haya decidido por esto.

Bien, con lo que en esta ocasión os quiero deleitar (o asquear) es una historia, un cuento mejor dicho; este cuento trata de un patito (y no es el patito feo, es un patito normal) que siempre, desde que comenzó a ir a la charca, iba a la misma charca, esta charca era de fácil acceso para él desde un primer momento, era tranquila y, en definitiva, era todo lo que él podría haber soñado jamás como lugar donde recrearse y alimentarse. Sin embargo, resulta que un día, por pura casualidad, decide dar un rodeo sin importancia para ir a la charca, y resulta que se encuentra con otra charca, ¡menuda charca! Esta nueva charca le sorprendió, maravilló y atrajo desde el primer vistazo: la rodeaba un paisaje inigualable del cual la propia charca era una parte importante, era a la vez exótica y perfecta. Con el sorprendente hallazgo no supo cómo reaccionar, se quedó estupefacto durante unos segundos tras los cuales decidió valientemente explorarla un poco y resultó más encantadora según la conocía y descubría diferentes paisajes que se formaban en la misma. Lo lógico sería pensar que el patito se quedaría con esta nueva charca como nuevo lugar donde ir todos lo días pero no; no, el patito sentía mucho cariño y verdadero amor por su charca, era “la de toda la vida”, ¿por qué iba a cambiar? Si a él le gustaba su charca muchísimo, no había razón alguna para cambiar, además, este patito no era muy propenso a los cambios.

Tiempo después, el patito seguía yendo a su charca de manera habitual, no había cambiado nada y, de nuevo, casualmente, ocurrió que un día varió su ruta para ir a su charca y, de repente, apareció a un lado del camino una tercera charca que le dejó pasmado. Esta última charca no fue tan novedosa como su anterior descubrimiento puesto que ambas le parecían similares en muchos aspectos: paisajes no iguales pero muy parecidos, exóticas de una manera semejante… y ¡vaya! ¡El patito se llevó una sorpresa! Sorpresa que se dio a sí mismo cuando cayó en la cuenta de que ambos descubrimientos le atraían por igual y no por parecerse en algunos aspectos el último le había atraído menos.

A estas alturas al patito le era imposible no pararse a pensar, a replantearse su vida. ¿Qué debía hacer? ¿Debía abandonar su tradicional charca para lanzarse a la aventura a pesar de que su charca le satisficiera todas sus necesidades vitales con creces? Él no tenía la menor idea.

FIN.

Espero que os haya gustado…

PD: ¡Comentad y puntuad!

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