
¡Oooh! Llegó la primavera, sí, señoras y señores, sí, llegó la primavera. Y no os apresuréis a quitarle el seguro a la granada y lanzármela que ya sé que en realidad hace ya ocho días que entró, es decir, que entró el día 20 de este mes que estamos a punto de dejar. Sin embargo, hasta hace dos días no me di cuenta de que ya cambiábamos de estación, cuando vi los primeros almendros en flor, a los que acompañarán pronto los cerezos... un momento mágico, ¿verdad? (¡Ya! ¡Mis cojones! Digo...) pues lo sería si no fuera porque cuando empiezo a ver flores mi nariz ya se prepara para la tortura alérgica anual. A pesar de esa maldición que tengo la verdad es que la primavera... (me niego a decir que la sangre altera, usar siempre la misma frase hecha es detestable) bueno, el caso es que es una época del año con unos paisajes inmejorables, en Japón la festejan, llega el monotema por un día del cambio de hora... y sí, venga, para qué negarlo, nos ponemos más tontorrones, unos modositos, otros salidorros, otros sensiblones... todos a nuestra manera nos comportamos de manera diferente y es que la llegada del buen tiempo nos cambia por completo, no solo el ánimo sino también a nivel físico, es una auténtica revolución en nuestro cuerpo.
Antes de nada, para el que no me conozca, he de explicar que estoy de Erasmus en Francia y la verdad es que, aunque ahora ha vuelto a llover, hemos tenido unos días de maravilloso Sol tras un otoño e invierno de agotadora lluvia y frío mortal. Una vez hecha la necesaria explicación, lo que quería contaros es que adoro asomarme por la ventana y ver en los jardines de los vecinos de los propietarios de mi estudio esos almendros floridos de los que hablaba antes; se distinguen por toda la ciudad , tan precoces ellos en exhibirse, con sus flores solitarias, emergidas antes que sus compañeras, las hojas...
Con todo lo que acabo de contar, estaréis maravillados con vuestra mente sumergida en los vivos colores primaverales... bien, pues a mí me sucede lo contrario. Mi mente suele tender a pensar de manera negativa, acostumbra a pasar de lo bello y alegre a lo triste y pesimista y esta vez no es una excepción. En este momento, todo viene, creo yo, porque hace poco en clase estuvimos analizando un texto de un escritor paraguayo, que, si no recuerdo mal, es considerado el primer texto de carácter ecológico de toda Hispanoamérica y no sé si incluso de toda Latinoamérica (en la cual, si somos estrictos con el significado, se incluye, por si no lo sabíais, Brasil y la parte francófona de Canadá). Como decía, mi mente tiende a pensar de forma negativa y, en este caso, mi mente ha pasado de simplemente deleitarse con la visión floral a pensar en lo destructivo y dañino que puede llegar a ser el hombre. El ser humano es el único animal que es incapaz de estar en armonía con el mundo que le rodea, siempre ha de destruir, mancillar y destrozar todo aquello que tiene al alcance. Desprecio a este engendro de especie del cual soy parte, lo aborrezco y me hace vomitar, es un ser al cual le es imposible valorar la belleza, un ser asqueroso. Diréis y con razón que hay excepciones, que no se puede generalizar, que no todos los hombres y mujeres que moran en este planeta son de esta misma manera... con eso estoy más o menos de acuerdo; sí, vale, hay excepciones como en todo, pero cuesta muchísimo encontrar a un ser humano que sea capaz de admirar, respetar y conservar el entorno que le rodea sin alterarlo por pura afición, sin violar cada elemento que sale a su paso no por necesidad sino porque disfruta con ello, le encanta sentirse como un Godzilla aplastándolo todo mientras camina tranquilamente sin encontrar el más mínimo sentimiento de culpa o remordimiento con lo que hace.
Bien, hasta ahora he despotricado del ser humano (quedándome muy a gusto, todo hay que decirlo) hablando de él como si de un solo ente se tratase pero es que en este mundo hay más de seis mil millones de seres humanos y, pese a que puedo entender que se nos quede pequeño el planeta, no se le da precisamente bien al hombre convivir en paz con sus congéneres, por decirlo de manera muy eufemística. Se podría deducir, con todo lo que he dicho en el anterior párrafo, que sí, es destructivo y todo lo que se quiera decir pero que al menos está unido, es un solo pensamiento, un solo movimiento... resumiendo, que no se hace daño a sí mismo pero no, eso sería lo lógico: que como mínimo no se autodestruyese pero nooo, señores, no; el hombre es tan dañino consigo mismo o más como lo es con el resto de lo que existe en el mundo.
Y ¿por qué? ¿por qué somos así? ¿por qué somos el único animal de la Creación (por decirlo de alguna manera) que se comporta de ese modo? Os dejo la labor de encontrar repuesta a esas preguntas.
PD: Para terminar mi segunda entrada en el blog y mi primera seria que ya me he quedado a gusto por hoy, os recomiendo los tres blogs/webs (en formato parecido al blog) en los que suelo entrar últimamente:
- Algo más que traducir: web muy interesante de Pablo Muñoz Sánchez, traductor/localizador de videojuegos.
- Paranoias y cine: blog de Juan Cortés, alias Juanoide, viejo amigo del fansub JuanoideTaba Fansub y friki sin remedio que os entretendrá con sus variadas producciones.
- La Kame House: webcómic que os hará reír considerablemente. Aunque hay varias historias diferentes con los personajes, la principal es "Historias de un friki con barbas".
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